Daisy Jones
Sobre el desamor
Tengo la costumbre de vacilar a mi hermana porque lee libros de ficción que, a mi parecer, son demasiado ficticios. Todavía recuerdo aquel día que entró a casa irradiando felicidad como un niño pequeño la mañana de Navidad contando que se había comprado una novela que narraba la historia de una banda de música de éxito de los 70 –insisto, ficticia– en forma de entrevistas. Me cachondeé un rato con el tema y nunca más volvimos a hablar de aquel libro en casa. Hasta hace poco.
Amazon Prime ha estrenado Daisy Jones & The Six, serie basada en aquel libro que, además, ha cosechado un éxito absoluto e inimaginable (para mi). Tanto es así que ahora, en mi coche, no suena otra cosa que no sean las voces empastadas de Sam Claflin (Billy Dunne) y Riley Keough (Daisy Jones) cantando sus frustraciones, deseos ardientes y desamor. Una de mis escenas favoritas de la serie es aquella en la que Daisy intenta descifrar los sentimientos de Billy al escribir una canción. Ella le explica que la letra que va a atrapar y cautivar al público no ha de reflejar lo que él querría que fuese su vida sino lo que es. La canción ha de ser veraz, por atroces que sean los sentimientos que van ligados a la realidad que en ella se narra.
Sin querer destripar más acerca de la maravillosa serie, creo que a veces abandonamos aquellas facetas de la vida real que, por amargas que sean, también existen y nos acechan. Cosas que son imposibles de rehuir, porque tarde o temprano, todo llega. En esta ocasión, de lo que hablo es del (muy) desagradable desamor.
Realmente, pensaba en esto porque ayer mantuve una conversación larga y tendida con mi amiga L, que estaba muy afligida porque su último novio –con el que había quedado en ser amigos, verse, hablar y todo eso– se había echado novia. Otra vez. Oh, no. Dramón. Me explicaba, agobiada, que no quería sufrir por este tema, que quería ser feliz, hacer su vida, conocer a gente… Entonces pensé en aquello que decía Daisy y que, quizás, el desamor también hay que hacerlo tangible. No queramos pasar por ahí deprisa y corriendo sin sentir ni padecer, al revés. Habría que atravesar esa etapa concienzudamente, sabiendo que nos duele, que sufrimos porque una persona a la que queríamos ya no está a nuestro lado.
Por algún motivo me relaja ver vídeos de reformas en casas que se encuentran en un estado deplorable. En muchos de ellos, cuando hay una gotera, un boquete o similares, el obrero de turno recubre la fisura con una especie de pasta que a corto plazo retiene el mal menor que se ha producido en esa casa. Creo que las personas, en general, hacemos un poco lo mismo: tapamos de forma superficial ese dolor, renegamos del desamor y seguimos adelante con la vida. No lo veo del todo mal, pero me parece un parche cogido con pinzas que no durará más que un corto periodo de tiempo. ¿Es esto realmente útil?
El dolor y el desamor hay que manifestarlo, compartirlo y, en palabras sencillas, echarlo para fuera. De nada sirve quedarse con todo lo que ello acarrea dentro, guardado como en una caja cerrada a cal y canto que, tarde o temprano se abrirá porque, a decir verdad, cuánto más retenemos esos sentimientos, más grandes se hacen. Y te acaban comiendo por dentro.
Le decía a L aquella tarde por teléfono que había llegado el momento de pasar página, cerrar aquella puerta y permitirse a uno mismo avanzar. Que la vida luego da muchas vueltas y nunca se sabe. Pero también le dije que debía darse un tiempo para “llorarlo”, para comprender ese dolor que no estaba, ni mucho menos, fuera de lugar. Me recuerda esto también a la película Inside Out de Pixar, en la que se llega a la conclusión de que la Tristeza es necesaria en nuestra vida también. No podemos vivir en un mundo en el que todo es felicidad y bienestar, eso no existe. Y no está mal estar triste, no está mal estar apático porque este tipo de situaciones te afectan. ¡Por eso estamos vivos! Preocupante sería si el final de una relación o similares no nos apenase ni un poco, si no fuésemos capaces de experimentar la tristeza que ocasiona el desamor.
Creo que el éxito que ha tenido la serie de Amazon se debe, en parte, por la crudeza de los sentimientos que padecen sus personajes. Son tan reales que el espectador se siente identificado con ellos. Y lo bueno de esto es que la música que refleja lo que sienten los personajes actúa como espejo. La música en general. ¿Alguna vez íbais distraídos y escucháis una frase de una canción con la que te sientes identificado? Es tan normal sentir cosas que no sabemos identificar, y tan gratificante cruzarte con algo o alguien que sabe apuntarlo, ponerle nombre y descripción. Ayuda, siempre ayuda ponerle nombre a los sentimientos. Hemos de intentarlo, al menos.
Hemos de intentar sentir el dolor que causa el desamor. Es la antítesis a la tesis, imposible de rehuir. Y Daisy lo sabe. Y lo canta. Y por eso nos ha gustado tanto a todos la serie. Porque destapa los sentimientos y pensamientos más profundos y oscuros que todos queremos ocultar. Porque no los cubre con pasta como el obrero aquel boquete, ni los encierra en una caja que sellamos a cal y canto. Los deja respirar y flamear, libres y sin ataduras. Y al final, se esfuman. Porque todos estos sentimientos y todo este dolor son pasajeros, temporales y perecederos. El desamor también. Y no deberíamos apartarlo para olvidarnos de ello.






No puedo estar más de acuerdo. El desamor hay que vivirlo, experimentarlo, antes de poder olvidarlo bien. Si lo encerramos y no lo expresamos, solo nos seguirá revolviendo :)